Cuando nació Pedro su madre dijo: que pequeño más hermoso. Su piel es tan suave como la del durazno, le llamaremos Pedro. A los pocos días su padre lo presentó a sus amigos y familiares diciendo: —este es nuestro nuevo hijo y le llamamos Pedro, todos le miraron y él se dio cuenta de que todo era demasiado grande. Su familia estaba compuesta por sus cinco hermanos y sus padres.
Su casa quedaba en la entrada del pueblo y era muy grande, tenia piscina, biblioteca, sala, varios cuartos, baños y sótanos en donde guardaban la comida y todos los juguetes y cosas inservibles. La casa había sido construida por su abuela María, madre de su padre.
Cada vez que alguien pedía un deseo pegaba una carta en una piedra muy extraña, que cuando venteaba cantaba. Cierto día Pedro quiso encontrar la manera de entrar y salir del bosque inmenso y oscuro que quedaba junto al pueblo, en el que todo el que entraba se perdía y nunca más regresaba. Entonces Pedro pegó su carta en aquella piedra y pocos días después entró y salió del bosque sin problemas, además regresó con muchos niños que se habían perdido allí. Su alegría y la de las familias de los niños era inmensa.
Entre el casco urbano sobresalía la iglesia, tan grande e imponente como un gigante. Llena de belleza por fuera y dentro, llevaba consigo la historia y tradición de mucho años. El cementerio también era hermoso, sus pinturas y estatuas hacían de él, el más hermoso de la región. Se encontraba en el extremo superior izquierdo cerca de la iglesia, allí eran enterrados todos los nativos y para cada quién había un lugar.
Como el pueblo estaba rodeado de montañas y grandes bosques, cuando se acercaban las lluvias y las tormentas parecía mas opaco y pequeño, entonces todo quedaba en silencio y Pedro aprovechaba para ir a contemplar la inmensidad del mundo y la pequeñez de su pueblo. En esos inviernos toda la gente se encerraba a ver la tele, no salían pues la lluvia y el frío eran impresionantes.
Cuando la lluvia paraba Pedro y sus dos amigos, Juan y Carlos salían a jugar en los pantanos, les parecía muy divertido hacerlo. En verano había más calor, en las huertas y mercados del pueblo abundan las frutas y en las noches se hacían caminatas de luna llena, Pedro siempre participaba pues además de divertirse conocía más de su pueblo, sus historias, sus mitos y leyendas, sus lugares más hermoso como el alto de la virgen y lugares tenebrosos como los caminos antiguos y canelones abandonados, por donde los antiguos arrieros caminaban y transportaban mercancías y comida.
Pedro creció y se dio cuenta de que su pueblo a pesar de ser tan pequeño hacia parte de algo tan grande que algún día quisiera recorrer y conocer.
Wilmar

No hay comentarios:
Publicar un comentario