Solamente el pasar por aquél lugar hacía a mí piel algo tersa, donde lo único movible era lo superficial en ella, un lugar donde cada paso, cada palabra, cada lágrima se escuchaba como el rompimiento del agua que cae en lo profundo de un pozo.
Una bella música de pronto en el azar salía, cada nota era especial, bella y romántica, su dulzura encantaba a cuanta mente era susceptible a la imaginación.
Una noche mientras una pareja de esposos acababa de salir de misa, se dirigían a su casa, al pasar por la casa de “pequeño”escucharon una hermosa melodía, sintieron muchas ganas de danzar y lo hicieron, era para ellos como flotar en burbujas, dieron unas cuantas vueltas despacio y volvieron a llegar al piso, ninguno mencionaba palabra, estaban atónitos de asombro pero felices. Siguieron su camino hasta llegar a casa, se acostaron y hasta el día siguiente no mencionaron palabra.
Esa misma noche una madre pasaba por el lugar con su bebé, el niño se había despertado en la noche sangrando abundante por la nariz. Ella desesperada salió para el hospital, pero algo muy raro ocurrió cuando ella pasó por allí. Una especie de aire caliente los envolvió, el bebé había parado el llanto, de su nariz no salía nada, la mamá se sentía más tranquila, de pronto una voz le dijo —puedes regresar a casa ,ya todo está bien— Ella tan ensimismada en lo que estaba pensando se dirigió a su casa.
Pasaban los días, cada noche sucedía algo extraordinario y los rumores empezaban a invadir el pueblo, y hasta en las veredas se escuchaban ya los rumores.
Un día la inquietud y el deseo de saber que pasaba motivó a un grupo de hombres a cavar en aquél lote. Día tras día los hombres en la misma rutina con sus palas, la retirada un poco antes de la puesta del sol, empezaron diría yo — a acabar la magia de ese lugar.
Se empieza a ver algo, la cara en todos es una exaltación que salta a la vista ante cualquier mente un poco extraviada de la realidad, mucha más fuerza era la que impulsaba los azadones de los estremecidos señores a encontrar el secreto. De pronto una cajita un poco rustica sobresalió, uno de ello la agarró, la abrió sin piedad y su cara al hacerlo parecía haber visto un mismísimo espanto —cayó al suelo. Quedaba revelado ante todos una totuma mediana hermosamente tallada, dos pequeños objetos sin nomenclatura alguna y unos huesecillos altamente decorados. Uno de ellos decidió llevarse la cajita con los objetos.
Desde aquél día por ese lugar no se volvió a escuchar nada, no volvió a suceder nada, ya no se sentía la magia. El joven que había guardado la caja, reflexionando sobre lo que había pasado, decidió llevarla al páramo Santa Inés, la enterró muy profundo, en un lugar donde podía proteger a todos los caminantes que necesitaran de ayuda, o de un momento de felicidad perdurable.
Olga Victoria Calle
Estudiante 11°
IE Presbítero Ricardo Luís Gutiérrez Tobón
Belmira - Antioquia
Olga Victoria Calle
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